Pobre Tomás: tenía que ver para creer

Noviembre 4

Pobre Tomás: tenía que ver para creer

Lectura bíblica: Juan 20:24–29

Y no seas incrédulo sino creyente. Juan 20:27

No hay muchos que tengan nada bueno que decir del discípulo Tomás.

a1Después de que Jesús resucitó y se apareció a sus discípulos a puertas cerradas, Tomás no se encontraba con ellos. Luego, cuando los discípulos le contaron que Jesús vivía, no les creyó. Tomás dijo: “Si yo no veo en sus manos la marca de los clavos, y si no meto mi dedo en la marca de los clavos y si no meto mi mano en su costado, no creeré jamás” (Juan 20:25). Cuando Cristo apareció a Tomás, le aceptó el desafío. Le dijo: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos; pon acá tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente” (versículo 27).

Tema para comentar: ¿Qué opinas de Tomás? ¿Es un ejemplo para tu fe, o hubiera sido mejor no incluir este relato en la Biblia?

Está bien, así que Tomás no era tan malo como Judas, el que traicionó a Jesús. Quizá ni haya sido tan malo como Pedro, quien negó tres veces al Señor. Pero de los doce discípulos más cercanos a Jesús durante sus tres años de enseñar y predicar, a Tomás por lo general se lo incluye entre los malos.

Muchos desprecian a Tomás porque dudó. Pero olvidan algo: Tampoco ninguno de los demás discípulos creyó hasta que cada uno había visto por sí mismo la evidencia de la resurrección. Todos los demás ya habían visto las manos y el costado de Jesús. Y lo que es más, Jesús no le dijo a Tomás: “Eres un discípulo malo por dudar de mí”. En cambio, le mostró la evidencia y entonces le dijo que no dudara más. Y, en último lugar, cuando Tomás vio la evidencia, dio una de las confesiones de fe más poderosas de la historia, llamando a Jesús: “¡Señor mío, y Dios mío!” (versículo 28).

Por alguna razón, nos parece que dudar es muy malo. “Los cristianos auténticos no dudan”, decimos. Eso es un mito.

En realidad dudar es el punto de partida de la fe. En el griego, idioma original del Nuevo Testamento, el significado de “dudar” es “inquirir”. Se refiere a alguien que inquiere, pregunta o busca respuestas. Indudablemente hay dudas maliciosas que la gente usa para impedir que otros confíen en Jesús. Pero hay interrogantes sinceros acerca de la fe.

Puedes aprender estas lecciones de alguien llamado Tomás que fue sincero con respecto a sus dudas: la duda es natural. Está bien ser honesto con tus dudas. Y si de veras buscas respuestas, tus dudas serán remplazadas por la fe cuando Jesús te muestre la verdad.

Jesús no quiere que escondas de él tus dudas. Él te ama y comprende tus preguntas.

PARA DIALOGAR
¿Qué dudas te impiden seguir a Jesús completamente?

PARA ORAR
Señor, cuando resulta difícil confiar en ti, muéstranos más de ti mismo y ayúdanos a creer.

PARA HACER
¿Tienes amigos que dudan de Dios? ¿Qué puedes contarles acerca de las dudas?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 14. La palabra barata

Menú 14. La palabra barata

a1“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”.

Cuando un hombre que tiene muchas tierras se muere, los hijos se reparten la herencia. Pongamos por caso que son dos hijos y cada uno se queda con la mitad de la propiedad. Normalmente el terreno que queda en el medio, los límites de la propiedad de cada uno, suponen un problema porque no acaba de decidirse ese metro de más o de menos. Y entonces, para dividirlo hacen un camino, que no es de nadie, o es de todos, según se mire, lo que se siembra ahí cerca, nadie sabe de quién es, no se cuida y, o lo roban, se lo comen los pájaros, o lo pisan.

La palabra barata es aquel mensaje que oímos pero que queremos compatibilizar con nuestra vida. No está en el centro de la siembra.

Junto al camino, la tierra más indefinida. Parece que no le pertenece completamente a nadie. Servimos a Dios, vamos al templo, pero no nos consideramos propiedad de Dios, somos nuestros propios dueños. Luego hacemos lo que queremos con nuestro tiempo. Oímos, pero no entendemos, ni creemos lo que escuchamos.

De hecho, si le sirvo será porque considero que es lo mejor para mí, lo que me conviene en ese momento. Pero no estoy seguro de a quién pertenezco. Tengo mis límites para con Dios.

¿Cuántas veces he oído que si sirves a Dios todo te irá bien según nuestros parámetros, si das tanto Dios te dará tanto? Es barata porque cuesta poco de asumir, no tienes que negar ninguno de tus derechos. No te hace falta un único Señor. Tú das algo a cambio de otra cosa, y si no sales ganando no lo haces. Cuando se siembra así la semilla del evangelio pronto desaparece, porque se la llevan los pájaros, y aunque dicen formar parte del terreno del sembrador, no dan fruto. Ni siquiera germinan, no brotan. Porque en realidad no han entendido nada. Las tierras junto al camino no tienen una identidad definida. No se sabe bien de quién son, si del dueño que siembra, o del camino, tierra de nadie, donde son presa fácil de los pájaros, o son pisoteados por los hombres. Están en un lugar del que no se sienten parte.

Cuando un sembrador siembra así, en esos lugares, es probable que no de fruto, quizás se enorgullezca de tener un terreno más grande, como muchos predicadores que por el número de gente a la que alcanzan se enorgullecen, pero quien sabe si son semillas junto al camino, que dicen que forman parte del terreno del reino pero en realidad no son de nadie. Solo atraídos por la cultura, la gente, “el estar”.

Sé que la semilla en la parábola del sembrador es la Palabra de Dios, y que debemos sembrar en todas partes. No estoy diciendo que no haya que predicar a todo el mundo, solo que hay que conocer la tierra. Saber vallarla, protegerla y cuidarla. Debemos “saber sembrar” no nos quejemos si no sabemos hacerlo, si mezclamos la Palabra de Dios con malas técnicas de siembra.

La palabra barata es un peligro que debemos evitar. Los predicadores, los discípulos que no se esfuerzan en estudiar la Palabra de Dios en profundidad y predican un evangelio descuidado, son un peligro para el reino,
porque creen que siembran mucho, pero en realidad lo que están haciendo es desperdiciar mucha semilla

¿Qué clase de tierra seré yo? ¿Una tierra que no sabe a quién pertenece? ¿Me mantengo en los límites entre lo correcto y lo incorrecto? ¿Sé de quién soy? ¿Entiendo el verdadero evangelio y lo que eso supone para mí hoy? Es muy peligroso ser esa tierra, la Biblia dice que Satanás está interesado en robar la semilla, poniendo carroñeros en nuestra cabeza que se comen la semilla.

No lo dudes, estar junto al camino, estar expuesto a esos pájaros, es peligroso para nosotros.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (pp. 78–80). Álex Sampedro.

¿FUERON LOS ESCRITORES BÍBLICOS SIMPLES SECRETARIOS DEL ESPÍRITU SANTO?

Autor: Norman Geisler

¿FUERON LOS ESCRITORES BÍBLICOS SIMPLES SECRETARIOS DEL ESPÍRITU SANTO?

a1Los autores bíblicos no se limitaron a transcribir lo que Dios les dictaba. Ellos no fueron meros secretarios o autómatas, sino que, con fidelidad, anunciaron todo el mensaje de Dios sin agregar ni quitar nada (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22:18- 19). Dios usó las personalidades individuales, sus vocabularios, los estilos literarios y deseos conscientes de los autores bíblicos para producir su Palabra. Por lo tanto, si bien se originaron completamente de Dios, las palabras de las Escrituras también son humanas y escritas en idiomas particulares (hebreo, griego, arameo), expresadas en formas literarias humanas determinadas que incluyen la narrativa (cf. 1 y 2 Samuel), la poesía (cf. Salmos) y las parábolas (cf. los Evangelios), así como la metáfora (cf. Juan 15:1-8), la alegoría (cf. Gálatas 4:21-5:1), e hipérbole (cf. Salmo 6:6; Lucas 14:26).

No obstante, el producto final es exactamente como Dios lo ordenó y en su providencia lo determinó: la Palabra de Dios con autoridad divina, infalible y exenta de error; porque la Escritura «no puede ser quebrantada» (Juan 10:35), y «ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán» (Mateo 5:18).

Es «la verdad» (Juan 17:17) que viene de aquel que se nos dice que «es imposible que Dios mienta» (Hebreos 6:18). En resumidas cuentas, todo lo que afirma está exento de error, no solo en lo que respecta a asuntos espirituales sino también a cuestiones de ciencia (cf. Mateo 19:12; Juan 3:12) y de historia (cf. Mateo 12:40-42; 24:37).

En suma, los escritores bíblicos fueron seres humanos a quienes Dios eligió para ser sus voceros mediante el uso de lenguas humanas y formas literarias.

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

Una diferencia que vale

Noviembre 3

Una diferencia que vale

Lectura bíblica: 1 Corintios 6:11

Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, pero ya sois santificados. 1 Corintios 6:11

a1Supón que estás conversando con un amigo no creyente acerca de Cristo. Te parece que te estás comunicando muy bien con tu tono persuasivo amable y ultrasabio, hasta que te da por la cabeza con este comentario:
—Bueno —dice con sarcasmo tu amigo—, los que se mueren siguen muertos. No resucitan.

No puedes hacer que Jesús resucite en un laboratorio. Pero puedes recurrir a la Biblia para ofrecer la evidencia de la tumba vacía. Además de eso, puedes señalar otro signo de vida: el cambio que les sucede a las personas cuando aceptan a Jesús como su Salvador.

Tema para comentar: ¿Te parece que la vida cambiada de los creyentes prueba algo acerca de la verdad de lo que creemos?

Supón que no eres creyente. Y tienes una amiga que un día te dice:
—¿Sabes? Hace un año acepté a Jesús como mi Salvador. Él cambió totalmente mi vida. Antes les contestaba mal a mis padres. Y siempre rebajaba a mi hermanita. Era completamente egoísta. No soy perfecta, pero tampoco soy ya de esa manera. Tener una relación con Jesús me ha cambiado y ahora soy una persona distinta. Y Jesús me ha dado una paz, un amor y un gozo que antes no conocía.

¿Le creerías?
Sería difícil argumentar con tu amiga si su vida prueba que lo que dice es cierto, si puedes detectar un verdadero cambio en ella. Pero, ¿qué si es una mutante espiritual? ¿O si es la única cuya vida ha sido cambiada por este Jesús?

Pues bien, tu amiga no está sola. Son innumerables los que han experimentado los mismos cambios asombrosos al entregar su vida a Cristo. No afirman que leer un libro los haya cambiado. No dicen que un encuentro aterrador con extraterrestres los haya alterado para siempre. Y ninguno pretende que su nuevo poder proceda de sí mismos. Hablan acerca de la razón de su paz, gozo y victoria sobre el pecado. Es Jesucristo y el poder de su resurrección.

Cuando queremos comprobar que la resurrección de Jesucristo fue un hecho verídico, podemos señalar a la diferencia evidente en la vida de millones de personas de todas las posiciones sociales y de todas las naciones del mundo. Y el cambio puede atribuirse a una razón: su relación con el Jesucristo viviente. Esa es la evidencia de que tu amiga no te está contando un cuento de hadas. Te está comunicando un hecho concreto y digno de creer.

Tu experiencia de que Jesús te salvó es más que una quimera. Te has encontrando con el Salvador resucitado. ¡Y ha tenido un impacto real en tu vida!

PARA DIALOGAR
Cuando algún no creyente te observa, ¿qué puede ver que indique que Dios está obrando en tu vida?

PARA ORAR
Querido Dios, cámbianos de modo que nuestros amigos puedan ver tu poder en acción. Haz que nuestra vida sea una muestra convincente del poder que levantó a Jesús de entre los muertos.

PARA HACER
Explícale a un amigo algunas de las diferencias que Cristo ha obrado en tu vida.

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 13. Predicadores con extra de queso

Menú 13. Predicadores con extra de queso

Somos lo que comemos”, una expresión española que es una gran verdad, al menos en las iglesias.

a1Desde el liderazgo hay quejas de que la gente, los jóvenes, ya no son como antes. El compromiso ha bajado, los jóvenes son moralmente más laxos, la verdadera adoración se ha enfriado y cuesta encontrar personas dispuestas a servir con un corazón sincero.

Todo esto es el resultado de algo que hemos hecho mal, un fruto que demuestra la clase de semilla que hemos sembrado. ¿O aún estamos con el viejo cuento de: “Esta generación no hay quien la entienda”?

Desde el púlpito, la cátedra, en muchas ocasiones se ha dejado de sembrar el evangelio del compromiso y se ha empezado a hablar de nuestros sueños, lo importantes que somos, y todas esas cosas que caracterizan a la Igleburger. No tenemos derecho a quejarnos si después los jóvenes ponen sus sueños, sus vidas, su tiempo y su YO, por encima de lo que Dios quiere hacer realmente con ellos.

Es lo que les hemos predicado, lo que han visto en nuestras vidas, es el fruto de lo que hemos sembrado. (Si eres joven, querido lector, tampoco eches balones fuera, al final el que toma la decisión de ser como eres, eres tú, no me uses como excusa, que me buscarás problemas).

Hemos sustituido la Palabra por entretenimiento barato. Frases hechas sacadas de libros del último psicólogo de moda.

Predicadores convertidos en motivadores, “Coachers”, positivos y humanistas. Con pocas referencias bíblicas y muchas frases célebres de gente de éxito, según los parámetros de este siglo, de este mundo occidental que nos tiene tan ensimismados. Nos ponen ejemplos de cómo creció el negocio McDonalds (esto no es una parábola, es real, lo he vivido muchas veces) en vez de explicarnos como funcionaba la iglesia en Hechos. Nos explican cómo un empresario levantó su negocio, en vez de contarnos lo que hizo Jesús para levantarnos y cómo los primeros cristianos siguieron su ejemplo, y extendieron el evangelio hasta lo último de la tierra conocida.

Y nosotros…

¿Qué debemos hacer para cambiar esta tendencia?

Se me ocurren algunas cosas acerca del contenido (no de las formas) de lo que los predicadores y los líderes, que tienen audiencia y serán escuchados, deben compartir si no quieren recoger un fruto a base de pepinillos para la próxima hamburguesa:

Hablemos con claridad la Palabra de Dios. Digamos lo que ella dice acerca de quién es Dios y acerca de qué somos nosotros sin Él, su compasión, nuestro amor, nuestra condición real delante de Él y cómo esto afecta a nuestra vida real.

Digámosle a la gente lo que necesita hacer para acercarse a Dios.

Volvamos a enfatizar el precio de seguir a Jesús, la santidad y la entrega. Nunca rebajemos el precio de seguirle.

Hablemos más acerca de la eternidad y de que nuestro servicio aquí es sobretodo en agradecimiento por algo que ya tenemos y por la expectativa futura, no para conseguir objetivos egoístas en esta tierra solamente; sino porque sabemos que disfrutaremos de la eternidad y la podemos vivir hoy.

Y por supuesto, prediquemos con el ejemplo, no digamos nada que no estemos dispuestos a hacer nosotros en primer lugar.

Porque si no, tendremos frutos que no deseamos.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

Autor: Norman Geisler

¿QUIÉN ESCRIBIÓ LA BIBLIA?

a1La Biblia no solo dice que se trata de palabras inspiradas por Dios, sino que fue producida por escritores movidos, por el Espíritu. Pedro dice que los profetas del Antiguo Testamento fueron hombres «impulsados» por el Espmtu Santo. «Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de DIOS, impulsados por el Espíritu Santo» (2 Pedro 1:21). David, agregó: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel23:2). La Biblia, por lo tanto, dice que vino de Dios a través de hombres de Dios.

La Biblia fue escrita por profetas de Dios. Él es la fuente originaria de la Biblia, pero sus hombres, llamados profetas, fueron sus instrumentos para registrar sus palabras. El papel de los profetas bíblicos fue exclusivo. Eran sus voceros, encomendados para pronunciar sus palabras, ni más ni menos (cf. Proverbios 30:6; Apocalipsis 22: 18, 19). Dios le dijo a Balaam: «Limítate a decir sólo lo que yo te mande» (Números 22:35), y él respondió: «Solo que no podré decir nada que Dios no ponga en mi boca» (v. 38). O, como lo expresa Amós: «Habla el Señor omnipotente; ¿quién no profetizará?» (Amós 3:8).

Todo el Antiguo Testamento fue escrito por profetas; algunos fueron profetas de oficio. Moisés fue un profeta (cf. Deuteronomio 18:15). Escribió los primeros cinco libros de la Biblia conocidos como «el libro de Moisés» (Marcos 12:26) o «Moisés» (Lucas 24:27). Todos los libros posteriores a estos al principio se llamaron «los profetas» (Mateo 5.17; Lucas 24:27). El Nuevo Testamento se refiere al conjunto de los libros del Antiguo Testamento como «las profecías» (2 Pedro 1:20,21; cf. Hebreos 1:1). Desde Samuel (cf. 1 Samuel 10:10,12) ha habido un grupo de profetas (cf. 1 Samuel 19:20). Algunos hombres, como Elías (cf. 1 Reyes 18:36; Malaquías 4:5) o Eliseo (cf. 2 Reyes 9:1), fueron reconocidos de esa forma.

Otros escritores del Antiguo Testamento fueron profetas porque tenían ese don. Es decir, no pertenecieron a ningún grupo o conjunto de profetas, pero Dios habló por medio de ellos y les dio un mensaje para transmitir al pueblo (cf. Amós 7:14,15). Daniel era un príncipe por profesión (cf. Daniel 1:3,6), pero se convirtió en profeta porque recibió el llamado y el don. Jesús lo llamó «el profeta Daniel» (Mateo 24:15). David era un pastor, pero Dios le habló. David escribió: «El Espíritu del Señor habló por medio de mí; puso sus palabras en mi lengua» (2 Samuel 23:2). Incluso Salomón, que escribió Proverbios, Eclesiastés, y el Cantar de los Cantares, recibió las revelaciones de Dios como un profeta (cf. 1 Reyes 3:5). El resto de los autores del Antiguo Testamento están dentro de esta categoría, porque sus escritos estaban en la sección conocida como «los profetas» (Mateo 5:17; Lucas 24:27) y porque el Antiguo Testamento se conoce como Escrituras Proféticas (cf. Hebreos 1:1; 2 Pedro 1:20-21).

De igual manera, todos los escritores del Nuevo Testamento fueron «apóstoles y profetas», porque la iglesia se construyó sobre este fundamento (Efesios 2:20). Ellos también dijeron que recibieron su mensaje de Dios. Se considera que Pablo, que escribió casi la mitad de los libros del Nuevo Testamento, lo hizo tan inspiradamente como los escritores del Antiguo (cf. 2 Pedro 3:15-16); Mateo y Juan estaban entre aquellos a quienes Jesús prometió guiar «a toda verdad» (Juan 16:13; 14:26). Pedro, uno de los principales apóstoles, escribió dos libros basados en sus credenciales como apóstol y testigo ocular de Jesús (cf. 1 Pedro 1:1; 2 Pedro 1:1~16). Los otros escritores del Nuevo Testamento eran asociados de los apóstoles y tenían el don de la profecía, porque Dios habló también por medio de ellos (cf. Santiago 1:1; Judas 1-3).

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler

«¿Qué es el Día de los Muertos?»

¿Qué es el Día de los Muertos?»

Audio:http://www.gotquestions.org/Espanol/audio/Dia-de-los-Muertos.mp3

a1El Día de los Muertos es una fiesta celebrada en México y por los latinoamericanos que viven en los Estados Unidos y Canadá. Esta fiesta existe en conexión con las fiestas católicas que caen en el 1 y 2 de noviembre, el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. En el Día de los Muertos, más exactamente llamado el «culto a los muertos,” los amigos y familiares de los fallecidos se reúnen para orar por ellos y llevar a la tumba del difunto comidas favoritas, a menudo incluyendo las tradicionales “calaveras de azúcar » y el «pan de la muerte.» Se crean altares privados en honor de los difuntos y se dan homenaje a ellos. Los orígenes de esta fiesta han sido trazados hace miles de años a un festival azteca dedicada a una diosa llamada Mictecacihuatl.

Aunque muchos de los que celebran el Día de los Muertos se llaman cristianos, no hay nada cristiano en tales prácticas. La celebración del Día de los Muertos por los paganos es una cosa, pero para los cristianos participar en o tolerarla no es bíblica, por decir lo menos. Ofrecemos esta respuesta en un espíritu de mansedumbre y respeto, orando que pueda advertir a los demás y equipar a los cristianos, para que puedan ser capaces de responder a aquellos sin esperanza y sin Cristo en el mundo (Efesios 2:12), cuando ellos nos piden dar una razón de la esperanza que está en nosotros (1 Pedro 3:15).

La fuerza que impulsa a la gente a participar en este evento impío es la falsa idea de que por medio de sus rituales y prácticas, ellos pueden comunicarse con sus familiares queridos difuntos, que ellos creen que participan en estas ceremonias. Esto simplemente no es verdad. Bíblicamente, hay un sólo “día” más que los muertos no arrepentidos pueden estar seguros de anticipar: el día en que se presentarán delante de Dios para el juicio final (Apocalipsis 20:11-15). Cuando un alma pasa a la eternidad, o bien entra en la bendita presencia del Señor, o sigue a la espera del juicio final antes de ser echado al infierno eterno. La Biblia dice que «está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio» (Hebreos 9:27). Esto simple y claramente quiere decir que cuando una persona muere, el cuerpo se desintegra al polvo, pero el alma permanece consciente en el estado en que se habitará por toda la eternidad, ya sea la condenación en el infierno o la gloria eterna con Dios.

En el evangelio de Lucas, Jesús enseñó que Dios ha establecido un abismo infranqueable entre los que están en el cielo y los que están en tormento (Lucas 16:26). La palabra griega traducida «puesta» significa establecer o hacer firme. Cada alma que muere sin Cristo ha perdido toda esperanza. Los muertos no arrepentidos enfrentan una eternidad de sufrimiento indescriptible, la destrucción eterna, lejos de la presencia del Dios y la gloria de su poder. Jesús mismo dijo: «E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna» (Mateo 25:46). Antes de morir, los no arrepentidos disfrutan de la «gracia común» que Dios concede a todas las personas, el mal y el bien. Experimentan los olores, sabores y sonidos de la vida; ellos pueden caer en el amor y experimentar otras alegrías que forman parte de la vida. Pero el momento en que mueren sin Cristo, están aislados de tales bendiciones comunes para siempre. Tal como el pasaje citado más arriba enseña, después de la muerte viene el juicio. Además de la descomposición del cuerpo que sigue a la muerte (el cuerpo físico vuelve a sus elementos físicos constitutivos – «porque tú eres polvo y al polvo volverás» [Génesis 3:19]), cualquier otra empresa terrenal termina, y no puede haber más participación en las cosas de la vida (Eclesiastés 9:10). Los muertos no tienen sabiduría que ofrecer a quienes se les consultarán en el Día de los Muertos, ni son capaces de escuchar o responder a las oraciones que se les ofrece.

En el Día de los Muertos, cada celebrante que invoca las almas de los difuntos se involucra en un pecado abominable y sin sentido por completo (Deuteronomio 18:10-12). Sólo Uno es digno y lo suficientemente poderoso como para llamar a los muertos; Él llamará a estos a la resurrección de condenación (Juan 5: 28-29). Los que han muerto en Cristo, no están realmente muertos, ya que pasan inmediatamente a la presencia del Señor; la Biblia dice que «duermen.» La muerte es sin duda gravosa a los que no tienen esperanza, que están sin Cristo (1 Tesalonicenses 4:13). No obstante, al que conoce al Señor se siente alentado por el conocimiento que así como Jesús murió y resucitó, así también, a través de Jesús, también traerá Dios con Jesús a los que duermen. Porque el mismo Señor Jesús “descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. «(1 Tesalonicenses 4:16-18). ¡Esta es la verdad real!

La Palabra de Dios nos advierte que no consultemos a espíritus y adivinos en Isaías 8:19: «¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?» Deuteronomio 18:10-11 nos dice que aquellos que consultan a los muertos son «abominables» delante del Señor. El hecho de que la UNESCO ha declarado el día de la Fiesta del Indio Muerto una “obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad» no altera el hecho de que, de acuerdo con las normas bíblicas, los cristianos no deben tener nada que ver con esos mitos (1 Timoteo 4:7, cf. 1:4). Según la UNESCO, las diversas manifestaciones del Día de los Muertos son «representaciones importantes del patrimonio vivo de América y el mundo»; sin embargo, con todo respeto debemos declarar las razones bíblicas por qué esta celebración tradicional es espiritualmente dañina y ofensiva. Cuando cualquier tradición o costumbre es contraria a la voluntad de Dios expresada en su Palabra, no puede haber ninguna justificación para honrar y preservar la misma. De hecho, aquellos que lo hacen son tontamente provocando la ira de Dios (2 Crónicas 33:6). Como ya hemos visto, la Biblia nos advierte no consultar (o dar audiencia) a los muertos, como ocurre a menudo en el Día de los Muertos. En pocas palabras, el pueblo de Dios debe separarse de tales prácticas pecaminosas, como se hace en el Día de los Muertos, y así evitar la ira que vendrá sobre aquellos que las hacen (Apocalipsis 18:4).

La misión principal de la iglesia es alcanzar a cada grupo étnico y cultura, y hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles a guardar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:19-20), hasta que cada miembro del cuerpo de Cristo se ha conformado a la imagen del Señor Jesús (Gálatas 4:19). Y mientras que haríamos bien en seguir el ejemplo del apóstol, convirtiéndose en todo para todo el pueblo, para que por todos los medios podamos salvar a algunos, esto no quiere decir que cambiemos el mensaje (el evangelio). Más bien, nos humillamos y confiamos en que Dios va a usar su Palabra no diluida para que la bendición de la salvación alcance a aquellos fuera de la fe (1 Corintios 9:22-23). Nosotros no nos permitimos una alteración creativa del evangelio para eliminar sus aspectos de confrontación, pero lo presentamos en su pureza, aunque sabemos que esto invariablemente ofenderá a algunos, y estos pueden acusar al evangelista veraz de ser intolerante. Esto no es sorprendente porque el Evangelio ha sido siempre una piedra de tropiezo para muchos.

El Día de los Muertos está en contraste con el evangelio de verdad que se encuentra en las Escrituras. Como tal, se lo debe evitar como una manifestación más de las mentiras de Satanás, que ronda “como león rugiente, buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8).

http://www.gotquestions.org/Espanol/Dia-de-los-Muertos.html

No hay que ver para creer

Noviembre 2

No hay que ver para creer

Lectura bíblica: Mateo 28:1–7

No está aquí, porque ha resucitado, así como dijo. Mateo 28:6

a1Un hombre y una mujer en guardapolvos blancos entran en un laboratorio. Ella sostiene una tablilla y un lápiz, él sujeta un objeto blanco pequeño y rectangular. El hombre coloca el objeto blanco en un pequeño tanque de vidrio lleno de agua que primero se hunde y luego vuelve a la superficie. La mujer apunta algo en su tablilla. El hombre empuja otra vez el objeto hasta el fondo. Éste vuelve nuevamente a la superficie. La mujer apunta algo más en su tablilla.

Después de hacer esto repetidamente, los científicos llegan a una sorprendente conclusión: La barra de jabón de la marca X flota. Lo han comprobado científicamente.
Cierto o falso: La única manera de comprobar que una información sea verdad es por medio de experimentos científicos.

Esto es totalmente falso. El método científico es una gran herramienta para aprendizaje, pero no es la única manera de probar algo.

Si los experimentos científicos fueran la única manera de arribar a la verdad, entonces no podríamos comprobar que José de San Martín fue el libertador de Argentina, Chile y Perú, o que Simón Bolívar juró dedicar su vida a la independencia americana. Pero por el hecho que no se puedan comprobar en un laboratorio, no significa que no fueran verdad. Pueden comprobarse por medio de un tipo distinto de evidencias.

Es el tipo de prueba presentada todos los días en los tribunales de justicia alrededor del mundo, y es el único tipo de prueba que se aplica a eventos históricos. Entonces, ¿cómo podrías comprobar que San Martín y Bolívar se dedicaron a lograr la independencia de naciones sudamericanas?

Si pudieras encontrar testigos oculares, los entrevistarías. Eso se llama “testimonio oral”. Juntarías copias de cartas que escribieron San Martín y Bolívar, de periódicos que reportaban sus actividades y libros acerca de ellos. Eso se llama “testimonio escrito”. Mostrarías objetos como sus espadas, fotografías de ellos y del lugar donde nacieron. Eso se llama “evidencia física”. Con ese cúmulo de evidencias, nadie tendría problema en creer en José de San Martín y Simón Bolívar.

Eso se denomina método de comprobación basado en “las evidencias” o en lo “histórico”, y es el método por el que podemos comprobar la resurrección de Cristo. No podemos obtener ninguna evidencia oral, porque no tenemos acceso a nadie que vivió en el siglo I. Pero tenemos en la Biblia las evi dencias escritas de los discípulos y la evidencia física de la tumba vacía.

Tu fe en Cristo no es ciega. No es necia. La vida y el ministerio de Jesús, sus milagros y su resurrección pueden ser comprobados, y de hecho lo han sido. Puedes estar seguro de lo que crees, ¡por las evidencias!

PARA DIALOGAR
¿Qué le responderías a alguien que dice que no puedes comprobar las verdades de la fe cristiana?

PARA ORAR
Señor, gracias por darnos una fe de la que podemos estar seguros.

PARA HACER
A modo de repaso, pregúntense unos a otros hoy o mañana: ¿Cuáles son las tres clases de testimonio que cuentan para el método de comprobación basado en “las evidencias”?

McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

Menú 12. Lo que es un líder

Menú 12. Lo que es un líder

a1En primer lugar, quiero reconocer que hay un montón de libros sobre el tema, buenos y no tanto. Por eso te escribiré lo que me sirve para resumir lo que es un líder según la Biblia y si quieres saber más cosas busca buena literatura, que la hay, pero sé crítico a la hora de escoger.

Un líder cristiano es un discípulo de Jesús que por amor a Dios y a la gente sirve a los demás a través de inspirarlos y motivarlos para que sirvan.

Es alguien que la gente sigue porque lo quieren, porque su ejemplo es digno de seguir.

“Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”. Filipenses 3:17.

Porque sienten que él es el que les sirve. Cuando lo oyen saben que es lo mejor para ellos y están dispuestos a escucharlo y apoyar sus iniciativas. Un líder cristiano, al contrario de cómo nos han enseñado, se pone por debajo de las personas y las empuja hacia arriba para que lleguen hasta donde él no puede.

“Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve”. Lucas 22:25, 26.

El tema del liderazgo está tan trillado hoy que creo que debemos enfocarlo de otra manera. Muchas veces se ha querido hacer líder a la gente para motivarlos, o llenar algún vacío de autoestima, y me parece que eso no es ni sano ni prudente, ni siquiera, visto en perspectiva, productivo. El que es líder en áreas de su vida, no lo es en otras, como un padre, que a la vez es un trabajador asalariado; y tener un rol en una faceta de su vida no le convierte en líder en todas las demás. Al igual que en muchas otras cosas, creo que en este caso prima la naturalidad, que las cosas se den, que el liderazgo venga dado, no impuesto. Y que nos centremos sobretodo en ser, insisto y mucho, discípulos del verdadero líder, la verdadera cabeza.

“…sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”. Efesios 4:15.

Sampedro, Á. (2013). Igleburger (p. 56). Álex Sampedro.

Preguntas difíciles acerca de la Biblia

Autor: Norman Geisler

Preguntas difíciles acerca de la Biblia

a1La mayoría de los miembros de la iglesia (incluso muchos pastores) no están formalmente entrenados para defender la fe (apologética) y, por lo tanto, no siempre pueden responder a las preguntas difíciles que se les hace. No obstante, la Biblia nos manda: «Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno» (Colosenses 4:6). Pedro exhorta: «Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes» (1 Pedro 3:15). Son mandamientos para todos los creyentes, no se limitan a los líderes cristianos. El apóstol Pablo insistió en que todo líder de iglesia debía «apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza que recibió, de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina y refutar a los que se opongan» (Tito 1:9).

En tiempos de creciente escepticismo, agnosticismo y cultismo, se nos convoca con más ahínco a conocer las respuestas de las preguntas que nos formulen. Esto no es solo cierto para poder responder a quienes damos testimonio, sino aun más para los miembros de la familia de Dios que también tienen preguntas sin respuestas con respecto a la fe. Una de las cuestiones más atacadas es la creencia de que la Biblia es la Palabra de Dios. A continuación presento algunas respuestas breves a algunas de las preguntas difíciles que se nos hacen.

Los evangélicos creen que las Escrituras provineron de Dios por medio de hombres piadosos que ,transcribieron las palabras mismas de Dios. Es decir, la Biblia tiene un origen divino, aunque se produjo mediante instrumentos humanos. Sin embargo, esta creencia despierta muchas preguntas de parte de nuestra cultura. Las siguientes dudas son solo algunas de las más comunes.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA BIBLIA?

La Escrituras dicen que vino de Dios. Al referirse a todo el Antiguo Testamento, Pablo escribió: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia)) (2 Timoteo 3:16). Al Nuevo Testamento también se lo llama las Escrituras. Cuando Pablo cita al evangelio en 1 Timoteo 5:18, lo llama «las Escrituras». Y Pedro, en 2 Pedro 3:15,16, también se refiere a las epístolas de Pablo como Escrituras. Por lo tanto, tanto todo el Antiguo como el Nuevo Testamento, los Evangelios y las epístolas, se consideran escritos «inspirados por Dios». Jesús usó una expresión similar cuando se refirio a la Palabra de Dios como proveniente «de la boca de DIOS», diciéndole al tentador: «No sólo de pan vive el hombre, smo de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4).

© 2003 por Ravi Zacharias y Norman Geisler