«Ven, oh amado mío, salgamos al campo […] veamos si brotan las vides»

9 de mayo

«Ven, oh amado mío, salgamos al campo […] veamos si brotan las vides».

Cantares 7:11–12

La Iglesia estaba por empeñarse en una importante labor y deseaba que su Señor la acompañara. Ella no dijo: «Saldré…»; sino: «Salgamos…». Cuando Jesús está a nuestro lado, el trabajo supone una bendición. Es cometido del pueblo de Dios el podar sus vides. A semejanza de nuestros primeros padres, se nos pone en el huerto del Señor para ser útiles; salgamos, pues, al campo. Observa que cuando la Iglesia está bien dispuesta desea gozar en cada una de sus múltiples labores de la comunión con Cristo. Algunos piensan que no pueden servir a Cristo activamente y, sin embargo, afirman tener comunión con él. Los tales están errados. Sin duda, es muy fácil desperdiciar nuestra vida interior en ejercicios externos y llegar a lamentarnos como la esposa: «Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé» (Cnt. 1:6). Sin embargo, no hay razón para que esto deba ser así, salvo nuestra insensatez y negligencia. Es cierto que un cristiano puede no hacer nada y, sin embargo, llegar a estar tan enteramente exánime en las cosas espirituales como quienes se hallan más ocupados. A María no se la alabó por sentarse tranquilamente, sino por sentarse a los pies de Jesús. Así, tampoco deben ser alabados los cristianos por descuidar sus deberes bajo la pretensión de tener íntima comunión con Jesús. No es el sentarse, sino el sentarse a los pies de Jesús, lo que es digno de encomio. No pienses que la actividad sea mala en sí misma; se trata, más bien, de una gran bendición y de un medio de gracia para nosotros. Para Pablo, el que se le permitiese predicar era una gracia que le había sido otorgada. Cualquier forma de servicio cristiano puede llegar a ser una bendición personal para quienes están ocupados en él. Los que tienen más comunión con Cristo no son los recluidos o los ermitaños, a quienes les sobra el tiempo, sino los incansables obreros que trabajan por Jesús y quienes, en sus fatigas, lo tienen a él a su lado; de suerte que son colaboradores de Dios. Recordemos, pues, en cualquier cosa que tengamos que hacer por Jesús, que podemos hacerla y debemos hacerla en estrecha comunión con él.

Spurgeon, C. H. (2012). Lecturas vespertinas: Lecturas diarias para el culto familiar. (S. D. Daglio, Trad.) (4a edición, p. 138). Moral de Calatrava, Ciudad Real: Editorial Peregrino.


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