17 MAYO

Números 26 | Salmo 69 | Isaías 16 | 1 Pedro 4
A un nivel, en el Salmo 69 tenemos a un salmista que derrama su corazón delante de Dios, suplicando ayuda mientras se enfrenta a unas presiones y a unos adversarios extraordinarios. Posiblemente no podamos reconstruir todas las circunstancias que aquí se presentan de manera poética, pero nos consta que David ha sido traicionado por gente próxima a él, y su angustia resulta palpable.
A otro nivel, el salmo es un repertorio riquísimo de textos que encontramos citados o parafraseados en el Nuevo Testamento: “Más que los cabellos de mi cabeza son los que me odian sin motivo” (69:4, ver Juan 15:25); “Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre.” (69:8, ver Juan 7:5); “El celo por tu casa me consume” (69:9, ver Juan 2:17); “sobre mí han recaído los insultos de tus detractores.” (69:9, ver Romanos 15:3); “Pero yo, Señor, te imploro en el tiempo de tu buena voluntad. Por tu gran amor, oh Dios, respóndeme.” (69:13, ver Isaías 49:8, 2 Corintios 6:2); “para calmar mi sed me dieron vinagre.” (69:21, ver Mateo 27:48; Marcos 15:36; Lucas 23:36); “Y en mi sed me dieron a beber vinagre” (69:21; ver Mateo 27:34; Marcos 15:23; Juan 19:28–30); “Quédense desiertos sus campamentos, y deshabitadas sus tiendas de campaña” (69:25; ver Mateo 23:38; Hechos 1:20); “Y no sean escritos entre los justos.” (69:28, ver Lucas 10:20).
Por la concentración de citas y de alusiones procedentes de un solo capítulo, este salmo es remarcable. Por supuesto que no se trata de la misma clase de referencias en todos los casos, y en esta breve reflexión no es posible indagar en todas ellas. Pero varias de ellas encajan dentro de un mismo patrón importante. Es un salmo escrito por David. (No hay buena razón para dudar de esta atribución a partir del título del salmo.) David no es sólo el cabeza de la dinastía que desemboca en “el hijo más grande del gran David” (como dice el himno), pero en muchos aspectos David resulta ser un modelo para el rey venidero, una especie de patrón, o un tipo, si se prefiere.
Es así como razonan los escritores del Nuevo Testamento. Es suficientemente fácil demostrar que este razonamiento está bien fundado. Aquí es suficiente entrever algo del resultado. Si el Rey David podía soportar el desprecio en nombre de Dios (69:7), ¡cuánto más este Rey último, quien sin lugar a dudas sufre el rechazo de sus hermanos en nombre de Dios (69:8). Si David tiene celo por la casa de Dios, ¿Cómo no podrían los discípulos de Jesús ver en la limpieza del templo y las frases que pronuncia en aquella ocasión algo de su propio celo (Juan 2:17)? De hecho, en las mentes de los escritores del Nuevo Testamento, estos pasajes encajan con el tema del “Siervo sufriente” que aparece también en Isaías, y que aquí se asocia con el Rey David, y con su último heredero y Señor.
Carson, D. A. (2013). Por amor a Dios: Devocional para apasionarnos por la Palabra. (R. Marshall, G. Muñoz, & L. Viegas, Trads.) (1a edición, Vol. I, p. 137). Barcelona: Publicaciones Andamio.