Todos somos esclavos, la pregunta es ¿de quién?

Esclavos de Cristo

Todos somos esclavos, la pregunta es ¿de quién?

Oscar Morales

Cuando pensamos en la palabra esclavo, no tiene una connotación positiva para nuestra cultura. Muchos son los casos de nuestra historia en que al involucrar el concepto de “esclavos”; pueden denotar maldad en un nivel muy alto. Incluso muchas veces al leer el Nuevo Testamento y leer la palabra denotando cómo los esclavos deberían de someterse a sus amos nos deja pensando mucho. El definir contextualmente la palabra seguro ayudará mucho a nuestro entendimiento de la cultura actual y de la cultura bíblica.  Sin embargo,[pullquote]muchas veces obviamos que la mejor forma de describir a un cristiano es a través de esa palabra; Esclavo.[/pullquote]

Tristemente, en nuestra cultura evangélica post-moderna, esta es una palabra que no usaríamos nunca para definir a un cristiano.  Libertad, prosperidad, salud, llenura personal, cumplimiento de sueños y propósitos, todo esto es lo que escuchamos en esta cultura post-moderna.  Libros, películas y “sermones” están llenos de este lenguaje que apunta a la satisfacción personal en Jesús a través de una “relación personal”.  Preston Sprinkle escribió una vez que, absolutamente todos los seres humanos tenemos una relación con Jesús, incluso satanás. Y dependiendo de esa relación, la relación tendrá dos finales distintos.

1.   EL GRIEGO ES IMPORTANTE

Uno de los libros que más me ha bendecido en este tema es  “ESCLAVO” de John MacArthur. El autor afirma que si leemos con cuidado el texto del Nuevo Testamento, sea por nuestro conocimiento del griego o por las herramientas que hoy tenemos a la mano, nos sorprendería saber que la palabra aparece más de 120 veces y sólo una vez está en versiones en inglés como la KJ.  MacArthur hace una crítica a la traducción de la palabra “siervo”, la cual lleva mucho peso y verdad, pero que realmente quiere decir “esclavo (doúlos) literalmente. Incluso muchas veces se omite, como en Mateo 6:24 en donde Jesús dijo literalmente “Ningún hombre puede ser esclavo de dos amos”. En nuestras traducciones al español, sólo la TLA presenta la palabra. Esto fue una cuestión de preferencias para acomodar el estigma que llevaba la palabra y concepto de “esclavo”, afirma MacArthur.

2.   ¿Cuál es mi relación con Jesús entonces?

Al entender esto y ver que nuestra relación con Cristo en el Nuevo Testamento está definida realmente como esclavos suyos, nuestra perspectiva debería cambiar de gran manera al entender quién es Dios y quiénes somos nosotros.  Si entendemos que ser esclavo significaba que alguien tenía un amo, leer pasajes como 1 Corintios 6:20 y Efesios 1:7-8 poseen muchísimo sentido. Tenemos un dueño y un amo, no en el contexto cultural de lo que eso significa, sino en el contexto bíblico de lo que ser un amo conlleva. El esclavo no recibía ni hacía nada que el amo no le autorizara tener o hacer, pero el amo le daba una vida digna, lejos de la calamidad que podía vivir fuera de su cuidado. La vida de un esclavo dependía totalmente del amo y no hay una mejor descripción de lo que significa ser cristiano que ser un esclavo. La palabra griega “doulos” debe de interpretarse como esclavo, más que como siervo.

A través del entendimiento de esta palabra en el texto, podemos entender entonces la razón por la cual afirmo que todos somos esclavos, la pregunta es, de quién. Por ejemplo, leemos en Romanos 6:17 nuestra esclavitud antes de conocer a Cristo usando la palabra doulos:

“Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran doulos del pecado, se hicieron[a] obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados”

También la vemos en 1 Corintios 7:22 cómo a través de la misma palabra Pablo explica la libertad que tenemos aún siendo esclavos voluntarios de Cristo.

“Porque el que fue llamado por[a] el Señor siendo doulos, hombre libre es del Señor. De la misma manera, el que fue llamado siendo libre, doulos es de Cristo”

Y al leer Mateo 25:23 vemos que es una palabra que define directamente nuestra relación en Él, al final de nuestro tiempo en la tierra:

“Bien, buen doulos (esclavo) y fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré…”

Dios ha manifestado la riqueza (Ef. 1:3) que tenemos en Cristo, hablando de nuestra salvación (Ef. 1:4-14) y ha usado el simbolismo de la esclavitud. Sin embargo, muchos se estarán cuestionando el hecho de que la palabra de Dios también nos llama, amigos, ciudadanos y también hijos. Y es que nuestra salvación es un proceso (Ordo Salutis) que describe cómo Dios nos amó, escogió, regeneró, aceptó, justificó, adoptó, santifica y un día nos glorificará. Juan Crisóstomo lo describe así en sus homilías a los romanos:

“Primero, existe la liberación del pecado, y luego los hace esclavos de la justicia, lo cual es mejor que cualquier otra libertad.  Dios hizo lo mismo que aquella persona que toma a un huérfano que ha sido raptado por salvajes para llevarlo a otro país. No sólo lo liberó de la cautividad, sino que puso un tipo de paternidad sobre él que le dio dignidad a su lado. Esto es lo que nos pasó a nosotros, pues Dios no sólo nos liberó de nuestra vieja manera de vivir en el mal; Él también nos llevó a la vida con los ángeles. El abrió el camino para que pudiéramos disfrutar la vida, llevándonos a un lugar seguro en su justicia y matando nuestro mal, el viejo hombre y dándonos vida, vida eterna”.

Alegrémonos pues, en entender que somos esclavos, esclavos dignos, ya que en el contexto bíblico, la dignidad de esclavo y la libertad a la que podía optar dentro de su rol como esclavo, era directamente proporcional al poder y posición de su amo. En esos tiempos, un rey era quien tenía la posición jerárquica más alta. A nosotros no nos ha comprado un rey terrenal, nosotros somos esclavos del Rey de Reyes.

3.   ¿Qué IMPLICA ESTO?

Creo que principalmente implica tres cosas:

  1. Un esclavo es aquel que su vida depende totalmente de su amo.
  2. La vida de un esclavo es una voluntaria sumisión ante su amo, por amor.
  3. No existen otros amos mas que su amo.

Estas tres implicaciones apuntan a una doctrina muy importante para los cristianos, el señorío y la soberanía de Dios. Cuando confesamos a Jesús como nuestro señor, estamos también confesando que somos sus esclavos. ¡Esa es nuestra relación con Jesús! Absoluta obediencia, lealtad, dependencia, sumisión y control. Si no abrazamos esta idea de ser esclavos de Cristo, podemos perder la esencia de lo que significa ser cristiano.

“18 Ustedes saben que no fueron redimidos (comprados) de su vana manera de vivir heredada de sus padres con cosas perecederas como oro o plata, 19 sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo”.  —1 Pedro 1:18-19

¿Qué persona en la tierra no va a querer ser esclavo de un amo lleno de amor, misericordia, poder, benevolencia, generosidad, piedad, amabilidad, creador de todo lo que existe y soberano por encima de todo lo que existe?  ¡Alguien demasiado cegado por su orgullo! ¡No existe mejor vida! En el contexto humano de la iglesia primitiva los esclavos y los amos no se diferenciaban, somos todos UNO EN CRISTO, esclavos de nuestro Dios, quien a través de Cristo, usa siempre el lenguaje de amo/esclavo para describir su relación con nosotros al decirnos que Quien quiera seguir en pos de mí, tome su cruz y NIEGUESE A SI MISMO”, “Mi yugo es fácil y LIJERA MI CARGA”.  Dios nos ha comprado con Su Sangre para ser uno con Cristo, aún a los esclavos y amos del contexto bíblico.

No hay Judío ni Griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni[a] mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. – Gálatas 3:28

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